6 - Cañones

Durante mi estancia en la Capital del Mar parece ser que la situación de inestabilidad del Pantano había empezado a empeorar a pasos agigantados. Los intentos de establecer contacto del Imperio del Este eran cada vez más invasivos. Pasaron de enviar misiones diplomáticas a la ciudad en barcas de remos desde alta mar, a aparecer con flotas completas que se quedaban peligrosamente cerca de la costa, con sus cañones claramente preparados para disparar en cuanto recibieran la orden.

Si los imperiales estaban inicialmente dispuestos a negociar los términos de la reinserción del Gran Pantano a su recién fundado país, los marinos estaban desde luego agotando esa posibilidad a velocidad de vértigo, aunque he de darles cierta aprobación en esto, al fin y al cabo no era difícil estimar que no habría mucho margen de exigencia en el momento en el que cedieran y se sentaran a la mesa de negociación con los imperiales. No me atrevo a decir que sería lo mismo, pero desde luego sería muy similar a aceptar la derrota, especialmente para un pueblo con un sentido de la nacionalidad tan altamente desarrollado como este.

Si bien es cierto que desconozco los detalles, y la gran mayoría de las noticias que había oído fueron a través de la parcialidad marina, parecía ser que tras la caída del Mal del Este se había formado una asamblea constituyente de carácter muy militarista, dado que aún quedaban numerosas tropas no-muertas del Rey Demonio vagando por sus tierras. Esto era algo necesario, los no-muertos no sufren de incertidumbre al carecer de superiores, si no reciben nuevas órdenes simplemente seguirán cumpliendo las anteriores como robots perdón, como gólems o constructos similares, por lo que la figura de un general con conocimientos avanzados en estrategia militar era algo que necesitaban en su gobierno en ese momento, aunque inevitablemente había causado que en materia de relaciones externas el país aún careciera del tacto propio de los dirigentes de tiempos de paz. Puede que no fuera su intención, pero estaban tratando este problema como una reconquista, una pacífica, pero reconquista aún así.

Las tensiones estallaron finalmente cuando un día uno de los cañones de la “flota diplomática” imperial fue disparado sin previo aviso. No cayó ninguna bala en el pueblo, ni en las aguas que separaban ambas facciones, por lo que a día de hoy dudo sobre la razón de este disparo. Es posible que se tratase de un acto más de intimidación contra los marinos, que algún torpe grumete lo activase por error al estar manoseando donde no debía, o que incluso se tratase de un sabotaje interno en el navío causante, pero ninguna de estas suposiciones realmente importan. Lo único cierto en todo esto es que fue acto suficiente para marcar el comienzo de una guerra abierta entre el Gran Pantano y el Imperio del Este.

La respuesta de los marinos fue prácticamente inmediata. Considerando esta ofensa una clara declaración de guerra, comenzaron a zambullirse en la costa en masa, la mayoría armados con nada más que sus propias garras y dientes. Fue un enfrentamiento corto, se escucharon numerosos gritos en ambos bandos desde la ciudad, y varios cañones fueron disparados al azar en represalia, generando bajas civiles, pero la Capital del Mar no tardó en acabar con la totalidad de las tropas imperiales, quedándose con los navíos en el proceso para exhibirlos en la costa como trofeos.

Había oficialmente dado comienzo la Guerra de Independencia del Pantano.

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